Skip to content Skip to footer

Elecciones en Chile, girando hacia la derecha, incluso si esta pierde

Chile
(Foto: Cristbal Olivares/Bloomberg via Getty Images)

Las elecciones presidenciales del domingo 16 de noviembre arrojaron como resultado algo que venía siendo predecible: pasarían a segunda vuelta la candidata de la coalición oficialista Jeanette Jara y un candidato de derecha, que también se preveía sería el Republicano José Antonio Kast, en su tercer intento.

No solo las encuestas sino que el mismo gobierno apostaba a este como contradictor disparando contra él, repitiendo así el escenario polarizado de las elecciones anteriores entre un candidato de la izquierda y uno de extrema derecha que ganó la centro izquierda. Sin embargo, el escenario político ha cambiado.

Primero, a diferencia de la elección anterior en que el país venía saliendo de un gobierno de derechas de Sebastián Piñera, afectado por las movilizaciones de 2019 y la pandemia, ahora lo que finaliza es uno de centro izquierda que además posee el peor porcentaje de respaldo de un gobierno en su término en los últimos 20 años.

Esto influyó ciertamente en el resultado de las elecciones, el rendimiento de la candidata fue de 26.8%, que es el 27% de apoyo al gobierno, lejos de lo que se estimaba era el piso de su candidatura progresista, alrededor de un 38%.

Por el otro lado Kast obtiene un porcentaje similar al de las elecciones de hace cuatro años, un 23.9%, quedando muy cerca de su contendora, pero además si a esto se les suma los votos de las otras dos candidaturas del sector, Mathey de la derecha tradicional con un 12.5% y Kayser más a la derecha de Kast con un 13.9%, los votantes totales de la derecha quedan en un 50.3% para la segunda vuelta, si el resultado fuera mecánico. En cualquier caso, los números fríos entregan la primera opción al candidato de ultra derecha.

En segundo lugar, ésta elección parece ser el fin definitivo de las coaliciones que gobernaron y co-construyeron el Chile post Pinochet. Si la llamada centro izquierda, que antes fue la Conceración de partidos por la Democracia y luego con Bachelet dos Nueva Mayoría, venía declinando precisamente en su capacidad de obtener mayorías en el ejecutivo y el parlamento que dieran gobernabilidad a Chile, el ejecutivo con Boric fue todo el periodo minoría en ambas cámaras del congreso, los partidos históricos como el socialista o el demócrata cristiano venían menguando (de hecho en esta elección en diputados el PS bajó de 13 a 11)  y la coalición misma era una sumatoria de fragmentos.

La actual elección marca además el fin de la hegemonía de lo que se ha llamado derecha tradicional o derecha liberal formada por la UDI, que eran los seguidores del ideario gremialismo del Pinochetismo, Renovación Nacional, conservadores neoliberales y EVOPOLI, liberales autodenominados de nueva derecha, han caído del primer al tercer lugar en la presidencial y en parlamentarias superados por republicanos y libertarios de ultra derecha.

Se trata de un escenario cercano a los objetivos trumpistas, ordo liberales, ultra conservadores y autoritarios. Probablemente esto marca además, de una vez por todas, el fin de la transición post dictadura de Pinochet y coloca a Chile en las disputas políticas del siglo 21.

El tercer cambio en el escenario político tiene que ver con las ideas en juego.  Desde los 90 la pugna política tenía un escenario común, una democracia liberal formal instalada, que podía ser o más conservadora y amarrada a la estabilidad forzada diseñada por el pinochetismo o bien la tensión de apertura hacia un estado más liberal en los valores y social en lo económico. En ese juego se trataba de mantener esa idea de democracia y contener a la ultraderecha. 

La escena empieza a alejarse de los límites del liberalismo,  la ultra derecha coloca sus objetivos por delante de las formas y subordina incluso la separación de poderes a ello. Kast ha dicho que el parlamento no es tan importante para gobernar, pone énfasis en la mano dura policial contra delincuentes e inmigrantes, propone un ajuste radical del presupuesto político reduciendo drásticamente el estado, señalando que pese a ello no pondrá en peligro los beneficios sociales, lo que todos los expertos económicos liberales o de centro izquierda han señalado como inviable.

Pero a su derecha existe un 13% que es más radical en achicar el estado y el espacio de libertades a cambio de orden y ganancias empresariales con reducción de impuestos. En lo cultural proponen una regresión de derechos y una libertad individual absoluta sin tolerancias a contravalores de izquierda. La centro izquierda en cambio en esto es pasiva, habla de defender o mantener lo logrado, no ya de un cambio cultural o social mayor.

Este escenario es distinto al mundo de la transición post Pinochet más que por las ideas en juego por el énfasis en la construcción de un orden político post liberal y en que el neoliberalismo incluso es solo un instrumento de la acumulación empresarial, no el estado natural de las cosas. La ultra derecha está en expansión y la centro izquierda apela a contener ese avance, y eso en política es ya una derrota. 

El cuarto cambio de escenario es el 20% de los votos obtenidos por un candidato que además levanta un partido propio que obtiene entre 13 a 14 diputados y con ello es, en cualquier escenario, con quién deberá negociar y otorgarle concesiones el gobierno que gane. 

En las elecciones pasadas había obtenido un 13% y 5 diputados, ahora casi dobla en ambos indicadores y lanza un mensaje, no apoyará expresamente a ninguno, salgan a ganarse los votos, deben tomarnos en serio. Se trata además de una curiosidad para el siglo 21, el Partido de la Gente se autodefine además como un partido de clase, el de la clase media, de quienes trabajan con esfuerzo, reciben poco o nada del estado, reclaman meritocracia de verdad y libertad y autonomía individual. 

Todo lo anterior marca y define la segunda vuelta presidencial. No solo porque la candidata de la centro izquierda parece tenerla mucho más difícil, requiere en un mes convencer y reunir más votos que los conseguidos, doblar su votación, conjugando la mantención de beneficios sociales, hacer ofertas programáticas que no estaban en su ideario, muchas de ellas más cerca del mercado que del estado social, insistir mucho más en el orden, el combate duro a la delincuencia y poner freno a  la migración, hacer un ajuste en las finanzas públicas y a la vez cumplir compromisos sociales, dar una imagen fuerte y dura y mostrar a los electores que pese a ser parte del Partido Comunista gobernará ella y no éste, hablando incluso de renunciar o congelar su militancia y además declararse no continuista de un gobiernos aliente con una muy mala imagen.

Si bien es cierto estaba claro desde antes que pasaría a segunda vuelta y eso le permitía imaginar cómo articularse para salir a competir en el balotaje, las condiciones le son muy contrarias. Aun así, nada está cerrado, pero no será fácil.

Hay otro elemento que es de más largo plazo y seguramente influirá no solo en el resultado sino en la cultura política misma. Casi el 70 por ciento de la votación cree más en el individualismo que en la colectividad y en el uso solidario del estado.

Esto marca un sello y alerta sobre las izquierdas sin convicción, sin propuesta claras, sin un entusiasmo por el futuro, limitadas a contener iniciativas y pese a las sucesivas derrotas estratégicas de los últimos años, incluyendo perder la mayoría para haber generado un cambio constitucional importante, carecen de autocrítica y continúan en la lógica de trabajar con lo que obtienen, pero no apostar a ganar hegemonía y posición política. 

Este cuadro no es pesimista, me parece es realista plantearlo así. La segunda vuelta no está cerrada, no es imposible de obtener pero, dadas las cosas, todo indica que Chile avanzará a un gobierno de ultra derecha y una cultura política conservadora, no liberal y autoritaria, con el voto de la mayoría, incluso de quienes podrían ser afectados por ella. La contradicción se ha instalado como el escenario más probable. Los resultados si esto pasa pueden desde ya imaginarse..

Rodrigo Calderón

Rodrigo é advogado e doutor em Direito, com atuação em direitos humanos, trabalho e consultoria internacional. Autor e podcaster no “No es lo que parece”.

Mais Matérias

28 nov 2025

As camadas que nos constituem

Sinto que estou me desnudando. É para isso que servem as crônicas?
26 nov 2025

Chinelagem

Bolsonaro está, enfim, expulso do convívio social por longos anos
26 nov 2025

Tentativa de Exéquias, Tentações de São Jair

JM “ainda” não respondeu por seu crime maior, contra a humanidade
26 nov 2025

Vai preso sim, seu sem-vergonha. Já está!

Bolsonaro ainda precisa ser julgado e condenado pelos crimes cometidos durante a pandemia de Covid-19
26 nov 2025

A escolha de Jorge Messias e a maturidade institucional da República

Supremo deve permanecer vigilante para garantir que a Constituição continue sendo — como sempre — a última palavra da República

Como você se sente com esta matéria?

Vamos construir a notícia juntos